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3 julio, 2020
Actualidad Opinión

SIN PELOS EN LA LENGUA

Arlindo Luciano Guillermo

César Hildebrandt es un periodista intelectual, lectófago inclaudicable, cultísimo, incisivo argumentador; periodista de prestigio, cuajado en el yunque de la libertad de expresión, la libertad y el pensamiento crítico; librepensador, demócrata, enemigo de la demagogia procaz de los gobernantes, detractor acérrimo de las dictaduras, agnóstico convicto, hipercrítico, verbo corrosivo, pesimista racional, acostumbrado a decir la verdad (a veces su verdad) sin pelos en la lengua. No es un estilista borgiano ni fino esteta del castellano, pero tiene un estilo frontal, directo, con adjetivaciones y metáforas furiosas y pertinentes, con argumentos contundentes, agudo analista político de coyuntura, exhibe cultura enciclopédica y hábito de lectura. Es César Augusto Hildebrandt Pérez-Treviño (Lima, 1948). No podemos estar de acuerdo con sus apreciaciones, perspectivas y análisis, pero es admirable su coraje, independencia, vigencia cotidiana y liderazgo de opinión pública. No leer el semanario Hildebrandt en sus trece es perder la oportunidad de disfrutar un gran lenguaje periodístico, argumentación razonable y pasión por la libertad. Hildebrandt es un González Prada en el siglo XXI, un vigente Cicerón. Hildebrandt es la viva nostalgia de “todo tiempo pasado fue mejor”. Dice: “Soy un pesimista vocacional, pero, en el fondo, sigo apostando por la utopía.”

El libro César Hildebrandt en sus trece (Debate, 2018. 298 Págs.) contiene 103 artículos periodísticos de opinión, que abarcan desde el 19 de agosto de 2011 hasta el 28 de setiembre de 2018. Hildebrandt hecha puntería, principalmente, a los vaivenes de la política, la actuación de los gobernantes, el deterioro de la institucionalidad del Perú; le provoca náuseas, arcadas recurrentes, la doblez política, la corrupción permisiva, la incultura democrática, Alan García, el APRA, Toledo, Nadine Heredia, Ollanta Humala y Kuczynski, así como los políticos carentes de total vocación de servicio, que llegan al poder y al Congreso sin saber qué hacer. C H expone los temas con análisis agudo, información confiable, estudio e interpretación de los hechos, argumentación firme, lenguaje certero que refleja dominio del castellano. También hace reflexión, que asoma a la filosofía, sobre la vida, el escepticismo y hacia dónde podría ir el destino del Perú con los gobernantes que tenemos, que hasta hoy merecemos. 

Hildebrandt defiende la libertad como un templario, un ciudadano argumental, que opina sin temor a nada ni a nadie. Muchas veces opina con el hígado inflamado y la cabeza descontrolada por la indignación y el pesimismo positivo. Dice él mismo: “Sigo siendo paciente de la ira y está intacta, más lozano si cabe, mi amor por las causas perdidas.” “Solo la prensa que irrita al poder se salva de envolver pescado.” Hildebrandt tuvo que irse a España por las amenazas de la dictadura de Fujimori, le cerraron las puertas de diarios, radios y televisión porque jamás se alineó a la obediencia de ningún régimen. Hoy dirige un semanario de gran influencia en la opinión pública, el fomento pedagógico del pensamiento crítico y el esclarecimiento de la coyuntura política y el devenir histórico del Perú. Ciudadano coherente, consecuente con sus principios, luchador corajudo (como pocos) contra la corrupción, el deterioro irreversible de la actuación de la clase política, del periodismo servil, el secuestro de las instituciones, la destrucción diaria del medio ambiente, la estupidez cultural, la nula lectoría, el masoquismo ciudadano y el obsesivo hábito de equivocarnos en política. Dice: “Soy los libros que leí.”

César Hildebrandt no es inexpugnable ni invulnerable a la crítica, a los cuestionamientos. Resulta extraordinario discrepar con él. Sus argumentos no están en cuestión. Como todo ciudadano imperfecto tiene defectos y deslices ortográficos y de efectividad de la comunicación escrita. 1. No cuida escrupulosamente el impacto de la opinión. A veces es redundante y tedioso porque arrastra al lector hacia el apasionamiento político y contra algunos personajes públicos (Alan García, Alberto y Keiko Fujimori, Ollanta Humala, Nadine Heredia) que le provocan biliosa alergia. La objetividad periodística tiene que exhibir ponderación y equilibrio, a pesar del titánico coraje. 2. En los ciento tres artículos periodísticos, no hay una palabra mal tildada. Sin embargo, de las siete comas existentes en el castellano, a veces omite la coma adversativa, incidental e hiperbática; prefiere no usar la coma elíptica. Utiliza innecesariamente mayúsculas y algunas conjunciones al inicio de la oración. 3. Peca cuando emplea un lenguaje barroco, rebuscado, culto, con términos de escaso uso colectivo. Hildebrandt es un rodillo de argumentos, léxico, símiles y metáforas. Podríamos hablar de un estilo y postura hildebranianos, original, muy propio de César Hildebrandt; él no se dedica a informar hechos, sino cumple la difícil tarea de observar, analizar, interpretar, opinar y proponer una solución, aunque pesimista y desalentadora.  

César Hildebrandt en sus trece. Prensa que irrita al poder (2011-2018) es un libro de obligada lectura, aparte de las exigencias estudiantiles y profesionales, para asumir una postura visible y consecuente frente a las circunstancias políticas y la historia del Perú. Vivir cómodamente en la zona de confort, sin compromiso social y ejercicios de principios políticos, es una abdicación del pensamiento crítico. La bandera pública de C H es que “somos (…) lectores: gozadores del infierno, novios de todos los becerros de oro construidos con palabras, lobos solitarios comiendo nuestra ración de imaginación y belleza para no morir de cotidianidad.” (Muerte de Chachi, Págs. 279-280.). En el momento de votar, el pensamiento crítico y el argumento aconsejan mejor.  

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