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7 agosto, 2020
Actualidad Opinión

Síndrome de ahuevamiento

Jorge Farid Gabino González

Recoge el Diccionario de la Academia, respecto del término “síndrome”, la siguiente primera acepción: “Conjunto de síntomas característicos de una enfermedad o un estado determinado”. Significación a todas luces pertinente, si de lo que se trata es de asociarla a una suerte de cuadro clínico que a lo largo de por lo menos los últimos diez años ha ido creciendo de manera exponencial entre los peruanos, y ello sin que al parecer nadie (o, en el mejor de los casos, casi nadie) se haya detenido a analizar las catastróficas consecuencias que podría acarrearnos, más a la corta que a la larga, de no tomar pronto cartas en el asunto, y comenzar a hacer algo para remediarlo.

Lo primero que uno tiene que saber, a efectos de enfrentarse con solvencia al problema, y más aún si se es padre de familia, es que la mencionada enfermedad ataca básicamente a los niños, entendiéndose por estos tanto a hombres como a mujeres; aclaración que nunca está de más hacerse, máxime si sabe, como sabemos, lo difundido que ha llegado a ser en nuestros días, aquello de que las niñas no pueden ser niños porque si fueran niños cómo habrían de ser niñas y siendo estas niñas por qué habría de llamarlas niños, o algo así. Como sea, el caso es que, como ya quedó dicho, la enfermedad de marras ataca sobre todo a los niños. Hecho que no excluye, desde luego, que también se pueda manifestar en adolescentes o, incluso, hasta en gente adulta. Casos en los que el tratamiento habrá de ser, como veremos más adelante, de naturaleza completamente distinta. Pero que quede claro que los principales afectados son los pequeños de casa. Lo que, sin ánimos de sonar alarmistas, debería hacer que abramos muy bien los ojos a los síntomas que a continuación expondremos, no vaya a ser que alguno de ellos haya comenzado a manifestarse ya entre los integrantes de nuestra familia, y ello sin que siquiera nos hayamos dado cuenta del asunto.

Manifiéstase el Síndrome de ahuevamiento, sobre todo en su estadio temprano, a través de la progresiva desvinculación que le sobreviene al paciente respecto del mundo que lo rodea, debido al uso reiterado e ininterrumpido del celular. Dicho apartamiento de la que denominaremos su realidad inmediata alcanzará niveles de verdadera gravedad cuando los individuos atacados por la enfermedad comiencen a mostrar síntomas de hallarse sumergidos hasta el cuello en una especie de maraña mental. Asimismo, será común en los afectados el dejar de mirar a los ojos cuando alguien les hable, y preferir no despegar su atención, ni sus pulgares, del móvil. Para los interesados en hacerle frente al problema, aquí les dejamos algunas importantes recomendaciones:

En menores de edad

  •         Que el padre, pero solo en los casos en la madre no tuviera los huevos para hacerlo, se amarre bien los pantalones, coja el aparatito de mierda, y lo mande derechito y sin escalas para la basura. Se recomienda, en tales casos, evitar pensar en lo que costó el juguetito. Los arrepentimientos de último momento serán, ¿hace falta decirlo?, terriblemente nocivos.
  •         En los casos (que son los más) en los que ni el padre ni la madre tengan las agallas para ponerle un alto a las majaderías de sus hijos, solo cabrá hacerse a los cojudos, y “olvidar” pagar la factura de Internet. Caso en el que, como se podrá deducir, la súbita falta del mencionado servicio obrará el milagro de hacerles dejar a un lado el susodicho aparatito.

En mayores de edad

  •         Si quien padece el Síndrome de ahuevamiento es, aunque mayor de edad, relativamente joven, esto es, si se trata, por poner un ejemplo, de una de esas personas avocadas, como han de querer creer sus padres, única y exclusivamente al estudio, ya sea porque se encuentren preparándose para ingresar a la universidad, o, incluso, porque fuesen ya alumnos de esta, lo que cabrá será echar mano, en dosis que podrán variar según la gravedad del paciente, de una simple pero efectiva mentada de madre.
  •         En los casos en que el paciente fuera mucho mayor, o llegara, incluso, a peinar canas, y se encontrara, para colmo y remate, chateando por el celular en horas de trabajo, se le recomendará muy encarecidamente que se deje de huevadas, y se ponga a trabajar ipso facto. De persistir el problema, habrá que tomar medidas más extremas, entre las que podría funcionar el recomendarle su postulación al Congreso.

Es importante señalar que el tratamiento antedicho solo será efectivo en la medida en que se aplique oportunamente. Para los casos ya perdidos, se recomienda su inmediato aislamiento y su pronto envío a algún campo de concentración.  

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