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9 agosto, 2020
Actualidad Opinión

UBALDO FERNÁNDEZ FIESTAS

Arlindo Luciano Guillermo

Trovador, compositor, guitarrista, jaranero, bohemio. Llegó de Chongoyape a Huánuco y se quedó para no regresar al norte del Perú nunca más. Amó a Huánuco como un hijo agradecido y predilecto. Hizo de la música el medio a través del cual cantó con devoción, afecto y sentimiento a Huánuco, donde encontró clima incomparable, descendencia, amigos entrañables y la oportunidad para escribir versos que hacían cantar las cuerdas de su guitarra. Eso fue don Ubaldo Fernández Fiestas. 

“La medida social del hombre está en la duración de sus obras: la inmortalidad es el privilegio de quienes las hacen sobrevivientes a los siglos, y por ellas se mide”, dice José Ingenieros en El hombre mediocre, libro que debe releerse hoy en el contexto del ultrapragmatismo, la corrupción, la cosificación insolente de ciudadano y la creencia que la aptitud debe estar por encima de la actitud, sometiéndola, y los principios éticos. Esta frase calza perfectamente con Ubaldo Fernández. Escribió muchas canciones, pero Mensaje a Tingo María, por la melodía, el lenguaje y representación, trascenderá y quedará como un vals emblemático de la música huanuqueña, junto a Yo soy un Pillco Mozo, Cuando salí de mi tierra, A la vida le he pedido, Amor pañaco, Linda huanuqueña, Bajo el cielo huanuqueño, Ángel hermoso, Ojitos negros, etc. 

El vals se grabó en 1976, hace 43 años. El lenguaje utilizado por Ubaldo es sencillo, sin pretensiones poéticas ni complicaciones lingüísticas. Precisamente, la grandeza del vals está en la sencillez visible y la solidez del contenido. Así las palabras encajan en las melodías. El trovador (el alter ego de Ubaldo), admirado por la belleza natural de Tingo María, se declara amante de la naturaleza. La composición del vals tiene la siguiente composición temática: el trovador foráneo queda estupefacto, hechizado de súbito, por la belleza natural de la selva tingalesa; se retira del escenario con esa experiencia visual y emocional que registra en la memoria y la sensibilidad; el plácido sueño le propicia una evocación y nostalgia. Estos últimos sentimientos, con poesía sencilla y talento musical, se convierte en el hermoso vals Mensaje a Tingo María.

El vals de Ubaldo Fernández convierte, a través del lenguaje literario y la metáfora, a Tingo María (capital de la provincia de Leoncio Prado, la selva de Huánuco) en un edén verde, verdemente paradisiaco, virginal, exuberante, de verde puro y tierra de hermosas mujeres, alegres, cálidas, representadas en la Bella Durmiente, cadena de montañas que describe la silueta de una mujer recostada. El trovador se declara “amante de la naturaleza”. En términos de hoy, diríamos que fue un adelantado ambientalista o ecologista, que defiende la naturaleza con el arte y la música. En la década del 70 del siglo XX, aún no surgían los movimientos ambientalistas, el calentamiento global era un tema ausente y los gobiernos ignoraban cómo empezábamos a contaminar el medio ambiente.  Hay vínculos entre Tingo María y Chongoyape. Ambas ciudades son destinos turísticos de gran afluencia y áreas naturales protegidas. Este entorno natural se incorporó a la sensibilidad de Ubaldo. Por eso, cuando llega a Tingo María se asombra grandemente y escribe los versos de Mensaje a Tingo María.  

La selva de Tingo María es una maravilla. La estancia en Tingo María permite sentir de cerca la exuberancia de la selva baja. El vals hace un registro de la Bella Durmiente, cascadas, ríos, aguajales, etc. Esto configura el paisaje selvático tingalés. La inspiración de Ubaldo no es la mujer, sino Tingo María, a esta ciudad le canta con emoción y gratitud. El vals está revestido de poesía sencilla. Veamos dos muestras. Una imagen de la salida del sol: “El sol entre los cerros al asomar / reviste de brillo el horizonte.” Otra califica sensorialmente a la mujer tingalesa: “Fragancia de rosas tus mujeres.”

El tono evocativo, de gratitud, nostálgico y contemplativo le otorga audiblemente a Mensaje a Tingo la posibilidad de producir un fuerte impacto en la sensibilidad y las emociones del oyente, que se siente identificado, sin haber nacido ni vivido, con la tierra prodigiosa de Tingo María, adonde va para disfrutar del clima, la naturaleza, el calor tropical envolvente y la gastronomía.

Ubaldo Fernández es uno de los músicos y compositores más relevantes de Huánuco. Llegó a Huánuco e hizo inmediatamente amistad con músicos, trovadores, compositores y amantes de la música tradicional huanuqueña. El vals y la polca fueron los géneros musicales que mejor se adaptaron a la sensibilidad artística y al talento literario y musical de Ubaldo. También compuso el vals Señor de Burgos y la polca Señor de Puelles. Ambas canciones no tienen la envergadura musical de Mensaje a Tingo María, pero sí integran el acervo musical de Huánuco y de las festividades religiosas. El vals Mensaje al Señor de Burgos es la veneración del trovador al Señor de Burgos, símbolo de la religiosidad popular. Se funden armoniosamente la guitarra y la inspiración del feligrés devoto y agradecido. Estos versos son notables: “Bajo tu cielo sereno / quiero tejer con hilos de plata / un verso a ti, Señor de Burgos / en tu día esta canción.”  Sentiremos, sin duda, la ausencia física de Ubaldo Fernández; sin embargo, siempre lo recordaremos por su virtuosismo con la guitarra, su voz peculiar, la inspiración prístina que dio canciones de gran trascendencia. Mensaje a Tingo María va a perdurar en el tiempo y se alojará, echando raíces, en la memoria colectiva de los huanuqueños. 

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