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13 agosto, 2020
Actualidad Opinión

UNA PIEDRA EN EL ZAPATO

Arlindo Luciano Guillermo

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Quien dice la verdad (desnuda, de frente, como baldazo de agua fría, bofetada certera, pedrada en el ojo, puntapié en los testículos) no siempre es visto con agrado, simpatía, por el interlocutor, cual sea la función, rol y poder económico y político. Son escasos los ciudadanos que se atreven a decir la verdad sin temor, sin pensar si le gustaría o no a quien la escucha. Decir la verdad no es cuestión solo de coraje y virtud o descontrol emocional, se trata de decir la verdad con objetividad, argumento sostenible y contundente, bajo el imperio del principio de razonabilidad. Quien dice la verdad sin pelos en la lengua no necesariamente tiene la razón. Hay tantas verdades (según los ojos que ven, oídos que escuchan) como opiniones y argumentos existen en la sociedad, según el prisma con las que se les ve, observa, comprende y entiende. ¡Tú verdad, no es mi verdad!

César Augusto Hildebrandt Pérez-Treviño (1948) es uno de los escasos, poquísimos, peruanos que dice la verdad (su verdad) sin pensarlo dos veces, no se abstiene casi de nada, lo dice a riesgo de ganarse enemigos, perder amigos, hacerse antipático y alergeno para “los blancos” de sus opiniones. Dice lo que tiene que decir sin temor, sin esforzarse por disparar fuegos artificiales ni lisonjas. Le causa alergia la estupidez, la desidia cultural, la corrupción, los malos gobernantes, la demagogia y la carencia grosera de cultura, educación trascendental y el despego al libro y la lectura. Periodista de nervios de acero, inteligencia lúcida, culto como pocos periodistas. No es lo mismo informar con veracidad, independencia e imparcialidad, que emitir juicios de valor sobre la realidad, la cultura y opinar con argumentos sólidos sobre política, economía, personajes y la actitud en el poder de los gobernantes,

Una piedra en el zapato (2011, Págs. 474) de César Hildebrandt, libro de periodismo de opinión, contiene 117 textos periodísticos publicados entre 2016-2011: 91 aparecieron en el diario La Primera y 26 en el acucioso y frontal semanario Hildebrandt en sus Trece. Estos textos periodísticos, escritos con argumentos sólidos, generadores de discusión y desavenencias, revelan la capacidad de indignación del periodista CH por los problemas neurálgicos que aquejan al Perú, lucha quijotesca contra la corrupción, enfila batería contra los gobernantes demagogos (Alan García en particular). CH siente pasión por el Perú. Su análisis político es concienzudo, transversal, transita entre el presente y lo que le podría esperar al Perú. CH dice, como Manuel Gonzáles Prada, J. C. Mariátegui o Antonio Gramsci, lo que piensa, no se guarda para él lo que tiene que decir. Dice (o sea escribe) con propiedad, con cierta dosis de bilis, por momentos se muestra excelso anarquista, rebelde, iconoclasta.  

La frase Una piedra en el zapato implica una confrontación entre dos o más contrincantes. Se refiere a fastidio, molestia, incomodidad diaria y persistente, crítica severa; por otro lado, la respuesta es el enojo, la ira, el silencio inteligente o la histeria del acusado, del destinatario iracundo por la opinión de Hildebrandt. Para CH, el poder político genera enajenación, hace del gobernante un mentiroso, un mitómano, un demagogo, incapaz, por decisión propia, de reconocer errores, desaciertos. Siempre el periodista imparcial, objetivo, con total libertad para opinar, es un fastidio para el poder político, económico y la mafia legitimada por la impunidad.

César Hildebrandt, periodista de agallas, culto, estilístico, atento observador de la política, gran conocedor del castellano, personalísimo en el ejercicio de la libertad de expresión, representa la valentía, el coraje, para decir la verdad desde el periodismo, su verdad, sus razones entendibles. Leer cada columna periodística de Una piedra en el zapato es una lección aprendida, una cátedra de cómo se aborda el tema, cómo se argumenta y cómo se muestra indignación racional.

Las columnas de opinión de CH son lecciones del buen periodismo de opinión (como también lo hacen Mario Vargas Llosa y, entre nosotros, Andrés Jara Maylle) con convicción, pasión, entrega total, con argumentos razonables, furiosos, incisivos, aunque discrepantes. Dice CH: “. Escribir desde el Vaticano de nuestra vanidad y condenar al infierno a nuestros adversarios, que son los que no piensan como uno y los que nos agreden con su diversidad. Escribir desde las vísceras humeantes, desde el dolor, desde el pesimismo entendido como una estética de la vida. Escribir sobre el fracaso, que a todos nos incumbe y que habrá de llegarnos elefantiásicamente con la muerte, escribir con la convicción de que jamás lograremos decir lo que nos propusimos decir.” (Pág. 11). Leer los artículos periodísticos de César Hildebrandt es acercarnos a la realidad cruda, a las actitudes perversas de los poderosos de la política, la economía, los medios de comunicación, la falta de lectoría; es una oportunidad de festinar con el lenguaje metafórico, mordaz, filudo como una navaja de barbero. Cada artículo de CH es un aprendizaje significativo de cómo se debe escribir periodismo de opinión; es entender que no basta informar, sino opinar con argumento, sustento, responsabilidad, dejar testimonio de lo que somos, pensamos, soñamos y sentimos.

 

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