Corte de 72 horas a más de 200 mil usuarios expone límites de un sistema antiguo y una gestión que la ciudadanía ya no tolera. Lo ocurrido entre el 23 y el 25 de marzo no fue solo una interrupción del servicio de agua potable. Fue, para más de 200 mil ciudadanos de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca, la confirmación de una sensación acumulada durante años: el sistema no está a la altura de la ciudad que pretende abastecer. Tres días sin agua —72 horas completas— no se explican únicamente por lluvias intensas, sino por una fragilidad estructural que ya no admite excusas.
La explicación oficial de la EPS Seda Huánuco, que atribuye la crisis al ingreso de sedimentos en la bocatoma de Cancha, puede ser técnicamente correcta, pero resulta insuficiente frente al impacto real. Las lluvias en los cerros no son un fenómeno extraordinario en marzo. Son parte del calendario climático. Que un evento previsible paralice el sistema durante más de 48 horas de trabajos manuales evidencia no solo vulnerabilidad, sino falta de previsión sostenida en el tiempo.
El malestar ciudadano no surge de un episodio aislado. En los últimos 90 días se han registrado al menos 3 cortes significativos, y en meses anteriores se reportaban interrupciones de entre 12 y 24 horas semanales. La acumulación de fallas configura un patrón que erosiona la confianza pública. No se trata solo de la emergencia reciente, sino de la reiteración de un servicio que no logra garantizar continuidad básica.
El argumento de que el sistema opera con infraestructura de entre 60 y 70 años introduce un dato clave, pero también una responsabilidad pendiente. Si el canal de conducción fue diseñado originalmente para riego y no ha sido renovado en décadas, la discusión deja de ser técnica y se vuelve política. ¿Por qué, en los últimos 10 años, no se ejecutaron proyectos integrales de modernización pese al crecimiento urbano superior al 20 %?
La respuesta parcial se encuentra en la capacidad de reacción mostrada durante la crisis. El despliegue de camiones cisterna, la habilitación de 2 pozos en Pillco Marca y la distribución de agua en bidones durante los días 23, 24 y 25 de marzo evidencian esfuerzo operativo, pero también improvisación. La propia empresa reconoció que la cobertura fue insuficiente frente a la magnitud del problema.
A ello se suma un elemento particularmente sensible: la facturación. Usuarios han denunciado cobros completos pese a interrupciones reiteradas. Este desbalance entre servicio recibido y pago exigido profundiza la percepción de abuso. El agua no es un servicio cualquiera. Es una condición básica de vida. Y cuando falla, la tolerancia social se reduce al mínimo.










