La aparente recuperación del recojo de residuos en el centro de Huánuco no autoriza a cantar victoria. Mientras el casco urbano muestra señales de limpieza, en Chilipampa y otros sectores periféricos persisten quejas por basura acumulada, contaminación y abandono. La emergencia, en realidad, no ha sido resuelta: apenas ha sido trasladada de la parte visible de la ciudad hacia las zonas donde el reclamo suele tardar más en ser escuchado.
Ese es el primer dato político de esta crisis. Una ciudad no supera un colapso sanitario cuando ordena sus calles principales y deja a los barrios periféricos conviviendo con polvo, moscas, agua contaminada y tránsito pesado. Lo que está en juego no es solo la eficiencia del servicio de limpieza pública, sino la jerarquía con la que se atiende a los ciudadanos. Cuando la respuesta institucional se concentra donde más se ve, el mensaje hacia la periferia resulta inaceptable: hay vecinos de primera línea y otros condenados a esperar.
Lo más preocupante es que la crisis no parece ser coyuntural. Todo indica que Huánuco arrastra un problema estructural en el manejo de residuos sólidos. Si el relleno sanitario ampliado no opera adecuadamente y si existen advertencias sobre una capacidad limitada a pocos años, entonces la discusión no puede reducirse al recojo diario de desechos. El debate de fondo es si la ciudad cuenta o no con un sistema sostenible para procesar su basura sin convertir cada cierto tiempo la acumulación de residuos en una amenaza para la salud pública.
A ello se suma una falla que agrava cualquier emergencia: la falta de información clara. En un tema que afecta directamente la vida cotidiana, no es aceptable que circulen versiones extraoficiales sobre recursos disponibles, limitaciones técnicas o eventuales salidas presupuestales. Si existen fondos para enfrentar parte del problema, la municipalidad tiene la obligación política y moral de explicar cuánto hay, qué se hará con ese dinero y bajo qué prioridades. Sin transparencia, la gestión no solo pierde credibilidad: alimenta la sospecha de que improvisa.
Tampoco puede pasar inadvertida la debilidad del control político. Si para exigir limpieza, fiscalización y un plan de contingencia los regidores deben insistir una y otra vez con documentos que podrían quedar archivados, entonces el concejo municipal está lejos de responder a la gravedad del momento. La ciudadanía espera autoridades que prevengan, fiscalicen y actúen, no que conviertan la salubridad pública en una disputa de trámites y mayorías.
Diario Ahora sostiene que Huánuco ya no enfrenta solo un problema de basura, sino una crisis de gestión. Lo que la población reclama no son operativos momentáneos ni anuncios tranquilizadores, sino una política seria, metropolitana y transparente para evitar que la ciudad vuelva a colapsar. Porque cuando la basura regresa una y otra vez, lo que se acumula no son solo residuos: también se acumulan la desconfianza, el hartazgo y la sensación de que nadie está gobernando a la altura del problema.










