Huánuco vuelve a enfrentar un problema que ya no puede tratarse como un accidente electoral ni como una simple rareza de campaña. El derecho constitucional a postular protege la participación política de cualquier ciudadano, pero no obliga a los partidos a llenar sus listas con nombres sin presencia pública, sin trayectoria conocida y, peor aún, con antecedentes graves o acusaciones serias que deberían encender todas las alertas. Allí empieza la responsabilidad que hoy demasiadas organizaciones quieren eludir.
Diario Ahora sostiene que el deterioro de la política regional no nace solo de malos candidatos, sino de partidos que han dejado de comportarse como instituciones. Una organización política no existe únicamente para inscribir símbolos, negociar cupos o sobrevivir elección tras elección. Su función principal es seleccionar, filtrar y presentar ante la ciudadanía a personas capaces de representar intereses públicos con un mínimo de solvencia moral, política y profesional. Cuando esa tarea desaparece, lo que queda ya no es un partido: es una franquicia electoral.
La comparación puede parecer simple, pero describe bien el momento. Cualquiera puede jugar fútbol, pero no cualquiera arma un equipo que salga campeón. En política sucede lo mismo. Cualquier ciudadano puede aspirar a un cargo, pero no cualquier ciudadano está preparado para conducir una municipalidad, una región o una representación parlamentaria. Y menos aún debería llegar a esa posición con el aval de partidos que conocen, o deberían conocer, su falta de arraigo, de experiencia o de integridad.
Lo más preocupante es que varios de esos candidatos no solo son invisibles para la sociedad, sino que arrastran cuestionamientos delicados. En esos casos, el problema deja de ser electoral y se vuelve ético. Un partido serio no puede esconderse detrás del argumento de que “la ley lo permite”. La ley fija requisitos mínimos; la política responsable exige estándares mucho más altos. No basta con presentar candidatos legalmente aptos. También deben ser políticamente defendibles ante la ciudadanía.
La costumbre de culpar al elector tampoco resiste análisis. Durante años se ha repetido que la población vota mal, pero se omite una verdad elemental: la ciudadanía elige entre las opciones que los partidos le ponen delante. Si la oferta está marcada por la improvisación, la opacidad o la sospecha, la falla original está en quienes reparten los avales, no solo en quien deposita el voto.
Por eso esta discusión importa. No se trata solo de nombres en una lista, sino de la calidad de la democracia que Huánuco está dispuesto a tolerar. Diario Ahora marca una posición clara: los partidos que promueven candidatos invisibles o seriamente cuestionados son responsables directos del deterioro político regional. Y si mañana esas candidaturas terminan dañando otra vez la gestión pública, ya no podrán fingir sorpresa.










