
Editorial · 8 de junio de 2026
El deterioro de la ruta Pasco–Tingo María ya no admite excusas técnicas ni comunicados tibios. La salida del Consorcio Santa Rosa, el fracaso de tres declaratorias de emergencia y la falta de una respuesta eficaz de Provías y del Ministerio de Transportes han dejado a Huánuco frente a una realidad indignante: una vía estratégica sigue abandonada mientras se acerca una nueva temporada de lluvias. Desde Diario Ahora sostenemos que esta desidia estatal revela una falta de respeto hacia la población que depende de ese corredor para movilizarse, trabajar, transportar productos y sostener la economía regional. No se trata solo de huecos, polvo, barro o maquinaria ausente. Se trata de un Estado que promete intervenir, declara emergencias, anuncia soluciones y, al final, permite que el problema siga creciendo. Provías y el MTC tienen una responsabilidad que no pueden seguir diluyendo entre expedientes, contratos fallidos y explicaciones burocráticas. Si una carretera clave llega nuevamente al borde del colapso, no estamos ante un simple retraso administrativo. Estamos ante una negligencia pública que golpea directamente a ciudadanos, transportistas, comerciantes, agricultores y familias enteras. Pero la indignación no puede dirigirse solo a Lima. Las autoridades de Huánuco también deben mirarse en el espejo. La región no puede conformarse con reclamos aislados, pronunciamientos débiles o gestiones discretas que no generan resultados. Cuando una vía de esta importancia se deteriora año tras año, la representación política local tiene la obligación de ejercer presión sostenida, pública y firme. Huánuco necesita autoridades que no solo acompañen ceremonias ni repitan diagnósticos conocidos. Necesita autoridades que incomoden, exijan, fiscalicen y pongan el problema en la agenda nacional. La pasividad también tiene costo. Y ese costo lo pagan los ciudadanos cada vez que una carretera se vuelve intransitable, peligrosa o imprevisible. Lo más grave es que esta historia se repite con una naturalidad inadmisible. Se anuncia una intervención, se incumplen plazos, se cae un contrato, se invoca una nueva emergencia y la población queda atrapada en el mismo abandono. Esa rutina burocrática ha normalizado el maltrato al interior del país. Desde esta casa editorial rechazamos esa normalización. Huánuco no puede seguir siendo tratado como una región que espera en silencio. La carretera Pasco–Tingo María requiere decisiones concretas, responsables identificados y plazos verificables. No más promesas sin fiscalización. No más emergencias que no resuelven nada. La llegada de las lluvias no será una sorpresa. Si el corredor vuelve a colapsar, nadie podrá decir que no fue advertido. La pregunta es si Provías, el MTC y las autoridades regionales actuarán antes de que el daño sea mayor o si, una vez más, Huánuco tendrá que pagar las consecuencias de la indiferencia estatal.