Las lluvias intensas que se registran en Huánuco han vuelto a revelar una vulnerabilidad que no es nueva, pero sí persistente: la limitada capacidad de prevención frente a eventos climáticos previsibles. Aunque hasta ahora no se reportan pérdidas humanas, los daños en al menos 5 hectáreas de cultivos y la activación de 3 puntos críticos en Campo Verde muestran que el impacto ya es tangible y golpea directamente a la economía familiar.
La situación en Colpa Baja, identificada como zona crítica por su cercanía al río Huallaga, confirma un patrón recurrente: las áreas más expuestas son también las menos protegidas. Según indicó el jefe de Defensa Civil, William Cieza, las intervenciones recientes han sido de carácter inmediato, pero con efecto temporal, lo que plantea una pregunta de fondo sobre la sostenibilidad de estas respuestas.
El desborde en Campo Verde y la necesidad de reforzar diques evidencian que la reacción institucional sigue siendo más reactiva que preventiva. Mientras las autoridades actúan una vez producido el riesgo, la población continúa dependiendo de medidas de emergencia que no modifican las condiciones estructurales del territorio.
El reconocimiento de que Huánuco no cuenta con reglas limnimétricas para medir el nivel de sus ríos no es un dato menor. Se trata de una carencia técnica básica en una región donde cada año, entre enero y marzo, las lluvias intensas elevan el caudal del Huallaga y el Higueras. La instalación anunciada de 2 sistemas de alerta temprana durante este año llega, según lo señalado por Cieza, en un contexto donde el monitoreo aún se realiza con verificaciones en campo.
Esta situación no es aislada. En los últimos 3 años, distintas regiones del país han incorporado sistemas de medición automatizada como parte de políticas de gestión de riesgo, mientras que en Huánuco el proceso sigue pendiente. La diferencia no es solo técnica: implica la posibilidad de anticipar emergencias y no solo reaccionar ante ellas.
A esto se suma la situación en sectores urbanos como Las Moras y Aparicio Pomares, donde los cercos perimétricos construidos con materiales frágiles presentan deterioro por humedad. Aunque no se registran colapsos totales, el deterioro progresivo anticipa posibles afectaciones mayores si las lluvias continúan con la misma intensidad.
La capacidad de respuesta, según indicó Defensa Civil, incluye alimentos, carpas y herramientas básicas. Sin embargo, el propio reconocimiento de que estos recursos son limitados abre un escenario de dependencia: si las precipitaciones se intensifican, será necesario recurrir al Gobierno Regional o al Ejecutivo nacional.
El escenario plantea una interrogante que trasciende la coyuntura: ¿hasta qué punto la gestión del riesgo en Huánuco seguirá dependiendo de respuestas de emergencia y no de planificación estructural? Con la temporada de lluvias aún en curso y sin sistemas de medición plenamente operativos, la evolución de los próximos días no solo pondrá a prueba la capacidad de respuesta, sino también la urgencia de cambiar un modelo que, año tras año, vuelve a mostrar las mismas grietas.










