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8 julio, 2020
Actualidad Opinión

PLARIS

Arlindo Luciano Guillermo 

¿Cuánto sirve lo que aprendemos en los libros, en la escuela, en la experiencia, en la familia, de los amigos? ¿Cuál es la finalidad del aprendizaje escolar? Decía el viejo Platón, que supo afortunadamente tener oídos abiertos para las enseñanzas y la voz de Sócrates: “El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra.” ¿Para qué almacenamos información y conocimientos multidisciplinarios? Solo la información que se convierte en acción se practica, lo demás es lucimiento verbal. Más de diez años se enseña gramática, literatura, razonamiento verbal, redacción, ortografía, etc. ¿Y los resultados? El actual Currículo Nacional tiene enfoque por competencias, cuya finalidad no es que los estudiantes sean sabios, enciclopédicos, sino capaces de resolver problemas del entorno inmediato, ejercer liderazgo, pensamiento crítico y tomar decisiones oportunas y correctas. Es el perfil del egresado de secundaria. ¿Qué libros leyeron los estudiantes en 2019? 

PLARIS es una sigla arbitraria que significa “pensamiento, lenguaje, acción, resultado e impacto social”.  La vida cotidiana y profesional tiene una secuencia lógica de actuación. El punto de partida es el ámbito de las ideas, la visión, los sueños, los deseos, las buenas intenciones; luego se verbaliza o comunica adecuadamente, se socializa con los demás para encontrar coincidencias, discrepancias y recibir aportes para consolidar la hoja de ruta; luego deben surgir las acciones concretas, el hacer, el trabajo para convertir las ideas en hechos concretos, visibles, mensurables; así llegan los resultados de gestión o logros personales, que se pueden medir, cuantificar; sin embargo, esos resultados aún son imperceptibles, desabridos, sin valor social. El eslabón final de los esfuerzos radica en el impacto social: si cambia o empeora la vida cotidiana de los ciudadanos y eleva los índices de competitividad. Nadie debe actuar fuera de un marco lógico. El ultrapragmatismo tiene un gravísimo talón de Aquiles: hacer al margen del debate y la reflexión. En democracia, el pueblo decide quién gobernará y las decisiones políticas se toman por consenso, concertación, no por imposición, proscribiendo el debate, la discusión. El presidente de la República no puede promulgar una ley si antes no ha sido debatido y aprobado por el congreso, excepto los gobiernos de facto. Ser pragmático no equivale a actuar sin ideas ni reflexión ni ignorando la ley. El pragmatismo es rapidez y pertinencia para resolver problemas. Los gobernantes mesiánicos, omnipotentes, con cerumen en los oídos, sabihondos, que están por encima de la opinión de los demás, con instinto revanchista, no existen en la nomenclatura de la modernización del Estado. 

¿Un estadio, en un distrito donde hay anemia, DCI, baja compresión lectora, analfabetismo y carencia de agua segura, mejora la calidad de vida de los ciudadanos? Si se instalaran sistema de cloración de agua, disminuirían la parasitosis y la anemia, mejoraría el aseo personal y los aprendizajes en la escuela. Las competencias de los estudiantes que egresan de EBR son insuficientes para ingresar rápidamente a la universidad. No tienen trayectoria de lectura, Cien años de soledad es un manual de autoayuda. César Hildebrandt y Vargas Llosa son alienígenas con antenas. No conocen La República, El Comercio, Perú 21, Caretas. La ortografía es un mal endémico que resta posibilidad a la redacción correcta, pulcra, argumentativa, clara, referencial y admirable. En la universidad la redacción adquiere una categoría ensayística y científica. Son pocos, pero son, los que logran un hábito de lectura por convicción y necesidad, una redacción aceptable por oficio e investigación. Por ahí aparecen, como margaritas en la nieve, los escritores, poetas, periodistas de opinión, ciudadanos lectores y científicos argumentales. No basta disponer una infraestructura moderna, mobiliario de caoba o metal, equipos tecnológicos, materiales didácticos, cuaderno de trabajo o insumos de limpieza en las II. EE, docentes instruidos y capacitados, aulas refaccionadas e higiénicas. ¿Qué y cómo se debe educar y enseñar a los estudiantes? 

Conocí en la gestión pública a la economista Wilda Jacha Espinoza, mujer inteligente y de decisiones firmes, gerenta pública de Servir, a quien con cierta razón la llamaban Margaret Thatcher porque gestionaba los recursos y presupuestos del Estado con disciplina, orden, previsión y dentro el marco de la ley. A ella escuché afirmar, en varias oportunidades, que los resultados por sí solos no tienen valor público ni trascendencia, sino cuando tienen impacto social o mueven notoriamente los indicadores de educación, salud, saneamiento, inversión en infraestructura, calidad de servicio y respeto al usuario. La actuación incorrecta en la gestión pública se evidencia posteriormente.   

Para fortalecer ciudadanía, la responsabilidad social y la institucionalidad del país, debemos educar ciudadanos pensantes, intelectualmente lúcidos, que hagan bien lo que tienen que hacer, que tomen decisiones correctas como reflejo de una conciencia justa y objetiva, que ejerzan liderazgo, altamente resilientes, que sepan resolver problemas cuando el mar esté calmado o aparezca una tormenta, asumir sus propias responsabilidades, capaces de practicar la cultura del reconocimiento y del diálogo, entender que nadie es perfecto, que tenemos virtudes y defectos, tolerancia con los que no piensan ni sienten igual, con pensamiento estratégico, éticos y ambientalistas. Está en las manos de los docentes educar ciudadanos con este perfil. El verbo y el efecto invernadero pueden ser aprendidos con un tutorial de Youtube. 

 

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